¡Muy buenas!
ayer desde la plataforma del Grupo de Investigación de Coaching y Salud del cuál formo parte, compartieron un interesante artículo (desde ahora en adelante me referiré a este grupo con sus solas iniciales: GICS, si quieres más información a respecto puedes clikar sobre mi anterior post donde hablo de él y de su actividad: https://arkobalenocoach.wordpress.com/2013/11/27/coaching-para-la-salud-te-interesaria-colaborar/)
Antes de dejarte con su enlace, para que tu también puedas leerlo, permíteme comentar algunos conceptos que tienen mucha relación con la lectura que te propongo.
Seguramente tod@s sabemos de que hablamos cuando nos referimos a la obesidad: es una enfermedad crónica que se caracteriza por un aumento de la masa grasa y como su consecuencia se genera un incremento del tejido adiposo del organismo.
Podemos clasificar la obesidad de varias formas, por ejemplo: según el tipo de tejido adiposo, o según su distribución o bien según el tipo de célula, etc.
Cogemos por ejemplo la clasificación según la distribución del tejido adiposo, que es fácilmente identificable, en este caso podemos hablar de:
– Obesidad ANDROIDE, también conocida como TIPO MANZANA, que es más frecuente en los hombres, aunque también puede aparecer en las mujeres. Se caracteriza por la localización del exceso de grasa alrededor de la zona de la cintura y del abdomen, por esto se identifica con la forma de la manzana. Presenta sobre todo complicaciones metabólicas, ya que existe más riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y se asocia a la aparición de diabetes y hipertensión, entre otras enfermedades.
– Obesidad GINOIDE, es más típica en las mujeres, aunque la puede presentar también el hombre. La grasa se acumula sobre todo en las caderas, por esto se asocia con la forma de pera. En el caso de este tipo de obesidad, las complicaciones están más bien relacionadas con el movimiento, como el artrosis y los problemas de circulación, entre otros.
Como podrás leer en el artículo que te comentaba al principio, la obesidad es actualmente la enfermedad metabólica más frecuente en el mundo occidental, por esto la misma OMS (Organización Mundial de la Salud) la considera la epidemia del siglo XXI y entre sus causas más evidentes están el aumento de la ingesta alimentaria y la disminución de la actividad física, o sea un balance energético desequilibrado.
Tanto factores como los ambientales y culturales, los genéticos, los psicológicos y los hormonales, pueden ser todos causa de la obesidad.
Actualmente el primer paso para identificar esta enfermedad se realiza determinando el ÍNDICE DE MASA CORPORAL (IMC) de una persona, que es la relación entre el peso y la talla (Kg/m2) y varía según la edad, por ello en las personas más jóvenes es normal tener un IMC más bajo, mientras en las de más de 65 años es normal un IMC más elevado, de 24-29.
Aquí tienes algunos datos sobre la clasificación del IMC para que te puedas hacer una idea:
– Bajo peso: <18,5
-Normopeso: 18,5-24,9
-Sobrepeso: 25-26,9
-Obesidad: 30-34,9
Para la obesidad es importante poner en marcha un tratamiento multidisciplinar que no será por un corto periodo de tiempo, porque tendrá que ser para toda la vida.
Sobretodo tendremos que modificar nuestros hábitos alimentarios, aumentar el ejercicio físico y cuando la obesidad es ya de un cierto tipo se podría recurrir al tratamiento farmacológico y/0 a la cirugía.
El objetivo de tratar la obesidad es llegar a un peso saludable, por ejemplo una perdida de peso del 10% se traduce en efectos muy beneficiosos para la salud de la persona, por ello es MUY IMPORTANTE que cada persona se fije objetivos individuales y una vez logrados, los mantenga.
Dentro de los nuevos hábitos, se suele recomendar:
– Evitar alimentos de alta densidad calórica como alcohol, embutidos, grasas y dulces.
– Una dieta variada, distribuida en 4-5 comidas al día.
– Comer despacio, masticando adecuadamente, para que se activen las señales de saciedad.
– Ingerir más líquido y fibra, para aumentar la sensación de saciedad y ayudar a controlar el peso.
Sabemos que hoy en día lo de las dietas es una verdadera moda y en el mercado hay de numerosas que pretenden conseguir objetivos rápidos, que no respetan el equilibrio nutricional. Sin animo de menospreciar ninguna dieta en concreto, simplemente os invito a poneros en las manos de un profesional de la nutrición antes de empezar una dieta con el objetivo de perder peso, sobre todo si se trata de casos de obesidad.
Una buena dieta no puede no estar acompañada de ejercicio físico, que incrementa el consumo de energía, disminuye el riesgo metabólico y contribuye a crear una sensación de bienestar, dado que combate el estrés y la ansiedad y mejora el estado de ánimo. En este caso también es importante que el ejercicio sea controlado, progresivo y suave, adaptado a cada edad y persona.
Tras haber compartido estos conceptos básicos sobre este tipo de enfermedad y sin animo de hacer ningún tratado sobre ella y tampoco recomendar alguna dieta en concreto (habrá que estudiar cada caso como único y individual) te dejo ahora con el artículo que te comentaba que la verdad es que presenta datos bastante preocupantes, dado que pone en evidencia como actualmente comer mal llega a ser más perjudicial para nuestra salud que el mismo tabaco.
Yo personalmente, sobre todo en estos últimos años, desde que soy madre y que además por temas de salud tengo que realizar una dieta muy rigurosa, doy mucha importancia a mi alimentación y a la de mi familia y creo firmemente en la expresión que dice “somos lo que comemos“…
¿Y tu que opinas? ¿Consideras que es una exageración? ¿O eres de la misma opinión? ¿Alguna otra idea a respecto?.
Quedamos a la espera de tus comentarios…te escuchamos…
baci
Claudia


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